El granero (Kornhaus) de Berna fue construido entre 1711 y 1718 y es considerado como una de las principales obras del barroco pleno bernés. En los tres pisos superiores se almacenaban cereales, mientras que en el gran pabellón de la planta baja se atendía durante los días de mercado y en el sótano se depositaban los barriles de vino Zehnt y Domaine. Un proverbio de esa época decía “Venecia yace sobre el agua y Berna sobre el vino”.
A comienzos del siglo XIX la situación cambió dramáticamente: Berna perdió las fértiles bailías. El abastecimiento de alimentos se privatizó en gran parte y como consecuencia de esto se derogaron los salarios en especies pagados a los funcionarios públicos en forma de madera, cereales y vino. Los graneros perdieron así su función intrínseca.
Después de algunos cambios de uso se decidió finalmente alquilar el sótano del granero como cantina. Los taberneros colocaron queso y embutidos en largas mesas y comenzaron a servir vino de los enormes toneles que estaban colocados a lo largo de las paredes laterales.
La productividad de la economía siguió empeorando. En el año 1893, el arquitecto Friedrich Schneider recibió el cometido de transformar la bóveda en un local de esparcimiento. Schneider agregó la galería de madera y conectó el sótano con una imponente escalera. Tras la sugerencia del pintor, experto en heráldica y concejal Rudolf Münger (1862-1929), la dirección de obras convocó en el año 1897 a un concurso para dotar al sótano de una colorida pintura. Münger presentó una propuesta y obtuvo la adjudicación.
En 1998, la ciudad se abocó a la búsqueda de un locatario con ideas dinámicas capaz de llevar al Kornhauskeller a un nuevo período de esplendor. La ciudad se decidió por la empresa BINDELLA, que entre otros opera el restaurante Verdi en Berna y una serie de otros restaurantes en diversas ciudades suizas.
A comienzos del siglo XIX la situación cambió dramáticamente: Berna perdió las fértiles bailías. El abastecimiento de alimentos se privatizó en gran parte y como consecuencia de esto se derogaron los salarios en especies pagados a los funcionarios públicos en forma de madera, cereales y vino. Los graneros perdieron así su función intrínseca.
Después de algunos cambios de uso se decidió finalmente alquilar el sótano del granero como cantina. Los taberneros colocaron queso y embutidos en largas mesas y comenzaron a servir vino de los enormes toneles que estaban colocados a lo largo de las paredes laterales.
La productividad de la economía siguió empeorando. En el año 1893, el arquitecto Friedrich Schneider recibió el cometido de transformar la bóveda en un local de esparcimiento. Schneider agregó la galería de madera y conectó el sótano con una imponente escalera. Tras la sugerencia del pintor, experto en heráldica y concejal Rudolf Münger (1862-1929), la dirección de obras convocó en el año 1897 a un concurso para dotar al sótano de una colorida pintura. Münger presentó una propuesta y obtuvo la adjudicación.
En 1998, la ciudad se abocó a la búsqueda de un locatario con ideas dinámicas capaz de llevar al Kornhauskeller a un nuevo período de esplendor. La ciudad se decidió por la empresa BINDELLA, que entre otros opera el restaurante Verdi en Berna y una serie de otros restaurantes en diversas ciudades suizas.




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