El clero del lugar y otros eclesiásticos, además de unos doscientos creyentes, componen la procesión, que es seguida por una muchedumbre de personas a pie. El cura del lugar lleva consigo el Santísimo Sacramento, escoltado por unos soldados a caballo. No faltan tampoco una banda de música, un coro de capilla, además de cruces y banderas. Como en la procesión del Corpus, el cortejo se detiene en ciertos lugares designados, en los que se pronuncian sermones y se dan lecturas. La mayor parte de las ceremonias se celebra a la intemperie, una en la iglesia del pueblo vecino de Rickenbach. El camino sigue aproximadamente las fronteras municipales y recorrerlo cuesta muchas horas. A primera hora de la tarde, el grupo hace su entrada solemne en la ciudad; la procesión finaliza con la bendición delante de la iglesia parroquial.
La historia de esta tradición se remonta al siglo XV. Sin embargo, entonces no era más que una vuelta a caballo del cura que llevaba consigo el Santísimo Sacramento, acompañado por los creyentes. La transformación hacia una procesión rogativa por el campo y con la participación de la población se dio después de 1500. Con el tiempo, la procesión ha ido creciendo y enriqueciéndose hasta alcanzar el tamaño y esplendor cromático actuales, visibles sobre todo por la tarde durante la entrada solemne en la ciudad.




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