El cabrero Pedro bernés. Visitar con Adrian el Parque natural Gantrisch

Desplazar

Introducción

A sus 13 años, Adrian Mäder disfruta en cuerpo y alma su papel de pastor de cabras. Durante sus vacaciones de verano elabora con sus padres delicioso queso de cabra en la granja alpina Alp Bire, en el Parque natural regional Gantrisch. Quien recorra la ruta circular «Alp Birehubel», muy adecuada para familias, puede visitarlos y degustar el queso allí mismo.

Alp Bire.

La pastura Alp Bire está situada en los Prealpes berneses, en el corazón del Parque natural regional Gantrisch, a 1 640 metros. El Parque natural Gantrisch se encuentra en el triángulo formado entre las ciudades de Berna, Thun y Friburgo.

Más información

Mapa

Mapa
Parque natural Gantrisch
Berna Región
Mostrar en el mapa
La pastura Alp Bire con el imponente Gantrisch (2176 m s.n.m.) al fondo.

Cómo consiguió Adrian sus cabras.

Cuando era más pequeño, Adrian le compró a su hermana sus seis cabras por la cantidad simbólica de cinco francos. Ella iba a empezar entonces el colegio y ya no tenía ganas de ocuparse de los animales. Adrian tuvo claro de inmediato que él se iba a hacer cargo. Así cuida él con cariño hasta hoy de sus 13 cabras.

Adrian Mäder, estudiante y pastor de cabras.

A la búsqueda de las cabras.

Adrian y su padre Hans suelen empezar el día hacia las 6:00 de la mañana en la pastura, ordeñando cabras y vacas. Pero hoy es distinto, desde hace dos noches no han podido hacer regresar a las cabras al establo porque se encontraban en una zona demasiado escarpada, disfrutando de la libertad sin límites. Los animales pueden moverse y comer libremente alrededor de la pastura. «Hacemos todo lo que está en nuestras manos. Pero a veces un lugar es demasiado empinado para nosotros y no llegamos a los animales. Entonces deben pasar la noche a la intemperie», explica Adrian un tanto preocupado. Hacia las 10:00, Adrian y Hans vuelven a emprender la búsqueda de las cabras con sus tres perros boyeros.

Cuantas más cabras hay en un rebaño, más alto escalan.
Adrian Mäder
Cerca de una media hora después, Adrian y Hans regresan de su búsqueda, ¡por suerte con todas las cabras!

Las 86 cabras han regresado sanas y salvas al establo: 13 son de Adrian y 73 de otros granjeros de la región, que durante el verano mandan de vacaciones a sus cabras a la pastura Alp Bire. Se nota que Hans y Adrian se sienten aliviados. «Puede darse el caso de que durante la noche un perro o algún otro animal hiera a alguna cabra», explica Adrian y añade: «Pero son muchas cabras. La más fuerte protege a las más débiles, ¡un rebaño siempre se mantiene unido!». Ahora puede empezar el trabajo...

De la leche al queso.

Adrian ordena con cariño las vivarachas cabras en el establo –cada una tiene su lugar– y luego las ordeña. Para estar cerca del final del verano alpino, hoy ha salido bastante leche. Siempre que Adrian se encuentra en la pastura y tiene tiempo, ayuda como hoy a su madre a hacer queso. Adrian lleva las lecheras llenas de leche al comedor y las vacía en la gran olla de cobre encima del fuego. Caben cerca de 120 litros, lo cual da como resultado unos 12 kilos de queso. Una vez la leche se calienta a 37 °C, se saca la cuajada con una tela para quesos y mucha fuerza; a continuación, se prensa en los moldes preparados para ello con tanta firmeza de manera que no quede ningún agujero.

Después de 24 horas, Adrian desmolda el queso, lo lleva a la bodega y lo cubre de sal. Cuando está fresco, el queso de cabra todavía está blando y tiene un sabor suave. Es como más le gusta a Adrian. Para los amantes de quesos más maduros, las piezas se dejan reposar más tiempo y se giran, limpian y salan a diario. Después de unas cuatro semanas, el queso ya está seco y tiene un marcado sabor aromático. No hay día que pase sin que Adrian coma un trozo de su queso de cabra, ¡tanto le gusta!

«A veces bajo a la bodega y birlo un trozo de queso»,
cuenta Adrian con una sonrisa pícara.

Una tradición familiar.

La producción de queso de cabra alpino ya va por la segunda generación de la familia Mäder, que lo vende en la región. En el verano alpino, que va de mediados de junio a mediados de septiembre, lo sirven en su bar en la pastura, donde dan la bienvenida a los senderistas hambrientos y sedientos. Sobre todo los domingos, cuando hay mucho ajetreo, Adrian ayuda con gusto a su madre y le alegra que los clientes prueben su queso y, por supuesto, que les guste.

Una familia de senderistas, entre los clientes del bar alpino de la familia Mäder.
Aquí en las alturas es todo precioso. Aquí estoy en casa.
Adrian Mäder

De camino por el parque natural.

Los senderistas llegan a la pastura Alp Bire y al bar alpino por la ruta circular para familias «Alp Birehubel». Esta va desde la parada del autobús postal «Gurnigel, Gantrischhütte» cuesta arriba hasta Oberen Gantrischhütte y, desde allí, en suave descenso hasta el idílico lago Gantrischseeli. Este pequeño lago, en medio de una extensa área de turberas, está rodeado de verdes praderas y de los altos Prealpes berneses. Con su color verde azulado, invita a los senderistas a hacer un alto. Tras una breve pausa se sigue el camino y, un par de metros de desnivel más adelante, pasando por delante de las vacas de los Mäder que pastan en libertad, se llega a la pastura Alp Bire.

  • 2,3 kilómetros es la distancia de la ruta circular «Alp Birehubel», apta para toda la familia.
  • Entre 1 y 2 horas dura la ruta de senderismo por el idílico Parque natural Gantrisch.
  • Solo 300 metros de desnivel se deben superar.
«Cuando estoy en el colegio, echo mucho de menos a los animales», se sincera Adrian Mäder.

Pastor de cabras en cuerpo y alma.

Cuando hacia mediados de agosto se terminan sus vacaciones de verano, Adrian debe regresar al valle para ir al colegio. Esto le entristece, ya que los animales todavía permanecen arriba en la pastura hasta mediados de septiembre, cuando se realiza el descenso del ganado desde los prados alpinos. Puede ocurrir que Adrian esté sentado en el colegio pensando más en sus cabras y el ganado que escuchando al profesor. Por fortuna, el fin de semana puede subir a la pastura para estar con sus animales. Jugar con ellos o simplemente observarlos durante horas. Para Adrian está claro: un día le gustaría hacerse cargo de la granja de sus padres. Y, preferiblemente, contar con una veintena de cabras para también tener en invierno la posibilidad de hacer queso en el valle.