El arte urbano se funde con la naturaleza. Lucerna es una ciudad natural. Las montañas y el lago son omnipresentes e inspiran el trabajo de la pareja de arte urbano Queenkong.
Introducción
Vero y Marco Schmid forman la pareja de arte urbano Queenkong. Una vez recorrieron el mundo juntos. Se financiaron el viaje pintando paredes. La naturaleza es su musa. Durante el viaje, se dieron cuenta de que su ciudad natal, Lucerna, era el lugar más adecuado para su arte. Al fin y al cabo, en ningún otro lugar el paisaje urbano y la naturaleza se entremezclan tanto como en esta ciudad a los pies del Pilatus.
Lucerna
Lucerna no solo cautiva por su encanto de pequeña ciudad, sino también por su bella ubicación a orillas del lago y su proximidad a las montañas más espectaculares del centro de Suiza.
La naturaleza como fuente de inspiración
Vero y Marco Schmid se encuentran ante su estudio en Lucerna y revelan una de sus obras más recientes. Se trata de una imagen enorme en la que se reconoce la ciudad ante el majestuoso monte Pilatus. La obra muestra lo que significa Queenkong: arte urbano que coquetea con temas naturales. Los espráis, pinceles y cubos de pintura se apilan en su estudio, situado al borde de las vías del tren. Son las herramientas de la pareja de artistas. Con ellas una vez recorrieron el mundo pintando paredes para poder pasar la noche gratis. Lo que empezaron entonces es hoy su medio de vida.
Sus obras en las paredes de las casas, de hasta 40 metros de altura, embellecen los centros urbanos. Inusual en este tipo de arte: sus imágenes muestran sobre todo motivos naturales: animales, agua, montañas. Por eso Lucerna es el lugar de residencia y trabajo perfecto para Queenkong. Aquí la ciudad y la naturaleza se fusionan. Desde su taller, situado en el centro de la ciudad, pueden ver el monte Pilatus.
Es mágico tener la montaña tan cerca. Le aporta un gran carisma a la ciudad.
La montaña local con sus vistas impresionantes
Vivir la montaña desde la ciudad
En poco más de una hora se llega desde el centro a la cumbre del Pilatus, a 2073 metros sobre el nivel del mar. Mientras el tren de cremallera más empinado del mundo, con una inclinación máxima del 48 por ciento, lleva a los visitantes de Alpnachstad hasta la cumbre, en la cara norte una telecabina y un teleférico hace lo propio desde Kriens. Se trata del itinerario preferido de Vero y Marco. La vista desde los enormes ventanales del teleférico sobre los numerosos brazos del lago de Lucerna les deja sin aliento una y otra vez. La legendaria montaña de los dragones es el lugar ideal para que ambos descansen, recarguen las pilas y se inspiren.
Las grajillas se dejan llevar por el viento hasta la montaña, un grupo de cabras montesas pasta en un lugar sombreado mientras que una marmota desaparece en su cueva. La flora y la fauna influyen a esta pareja de artistas. Son las cosas que observan y los momentos que viven aquí los que pintan luego en las paredes de la ciudad. Su cuaderno de dibujo es su fiel compañero. Una y otra vez siempre sacan el lápiz a pasear.
El símbolo y los cisnes
También tienen el lápiz en la mano cuando, de regreso a la ciudad, se sientan junto al famoso puente Kapellbrücke, del año 1332. Para lugareños y visitantes, una excursión al monte Pilatus y vuelta puede hacerse fácilmente en el día. El puente de madera cubierto más antiguo del mundo con su torre de agua octogonal constituye el símbolo de Lucerna. Aquí Queenkong también encuentra motivos para sus trabajos. Los cisnes que pululan por aquí sirvieron como base para un trabajo impresionante junto a la estación de Sursee, donde la pareja pintó un cisne gigante en una fachada.
Mejora de los barrios gracias al arte callejero
En Bernstrasse 62, Lucerna encontramos una imagen aún más grande. Aquí, Vero y Marco han pintado toda una casa. Un oso gigante decora el edificio y atrae todas las miradas. Así, una casa que pasaba desapercibida se ha convertido en todo un punto de atracción.
Las fachadas se convierten en lienzos.
El arte urbano transforma el paisaje de la ciudad y, en cierto modo, también actúa como su portavoz.
Pasear por la ciudad y observar alguno de sus murales les produce cierta satisfacción. Especialmente cuando ven confirmado que el lugar elegido era el correcto. Una ciudad de distancias cortas, rodeada por un panorama montañoso incomparable y con una escena creativa extremadamente viva ofrece una combinación única.
Tarde en Lucerna tras el trabajo.
El lago como mundo alternativo
Y luego está el lago. En verano, los lugareños pasan las tardes y los fines de semana en el agua. Bañarse en el lago de Lucerna con vistas al paisaje montañoso es una experiencia inolvidable. Vero y Marco pasan mucho tiempo en el lago. Poseen un pequeño bote que han restaurado ellos mismos. Después del trabajo, el lago es donde más suelen estar. Disfrutan navegando, tomando una cerveza y dejándose llevar por las olas. Pura relajación que les permite refrescar sus ideas.
Desde el lago se tiene una vista completamente diferente de la ciudad. Desde aquí se puede, simplemente, disfrutar del momento.
