Una noche con Nadja. Poder femenino en la montaña.
Introducción
El poderoso vehículo oruga se desplaza con parsimonia a los pies del Stätzerhorn por la alfombra blanca. Detrás del volante, Nadja Gut, una joven menuda que dirige la pesada máquina de 14 toneladas relajadamente a la luz de la luna llena, mientras disfruta de la sensación de tener toda la montaña para ella sola.
Lenzerheide
El paisaje idílico y similar a un parque del alto valle de Lenzerheide ofrece un marco acabado para unas vacaciones divertidas y relajantes. En invierno, una zona de deporte de invierno muy variada en ambos lados del valle espera a los grandes y los pequeños deportistas de invierno.
Sin apenas dificultad, la pesada máquina se enfrenta a la empinada pendiente.
Vibra suavemente y el monótono ruido tiene un efecto arrullador, pero no para la piloto.
Poder hacer varias cosas a la vez es crucial.
Nadja calibra muy concentrada los diferentes elementos de la máquina pisanieves simultáneamente y sin alterarse. Lo que a primera vista puede parecer fácil, requiere una tremenda habilidad. Hay innumerables botones y elementos de control para los vientos, para pasar el rastrillo por delante o por detrás, para fresar, etc.
Conducir una máquina pisanieves es como una enfermedad. Y a mí me ha atrapado por completo.
En verano, hace queso en la granja alpina; en invierno, se encarga de preparar las pistas a la perfección en Lenzerheide. Nadja es una amante de la naturaleza y no se imagina otro trabajo mejor: «Conducir una máquina pisanieves es como una enfermedad. Y a mí me ha atrapado por completo». Lo mismo opinan sus compañeros, que le han puesto el apodo de «La princesa del Stätz».
¿Loba solitaria?
Cada conductor, con su máquina, es el único responsable de su pista asignada, y esto también se aplica a Nadja. Pero ella no se siente sola en absoluto. Si un compañero necesita ayuda, la pide a través de un mensaje de radio y el jefe de turno coordina el resto de los refuerzos.
Ritual nocturno.
En las horas intempestivas surge un bonito espíritu de comunidad. Justo a las 00.00 h, Nadja se queda parada con su máquina pisanieves, enciende la luz giratoria, conecta la radio y escucha atenta el himno nacional suizo. Los otros conductores hacen lo mismo: un espectáculo increíble que se repite noche tras noche.
A la mañana siguiente.
Madrugadora.
Incluso aunque haya descansado poco, si hace buen tiempo, Nadja se levanta temprano para disfrutar de la montaña. Ni siquiera en ese momento desaprovecha la oportunidad de examinar su trabajo con atención.
Con lupa: el resultado de la noche anterior.
Si la pista está perfectamente preparada, sonríe feliz y toma las curvas con energía por la nieve. Como muy tarde, vuelve por la noche, pero detrás del volante de su querida máquina.
La diligente flota de Arosa Lenzerheide.
Para mantener las pistas en perfecto estado, se necesitan 39 conductores y 29 maquinas pisanieves, que recorren por la noche un total de 225 kilometros de pistas.