Unidos por el glaciar.
Introducción
El arte como activismo. Corinne Weidmann, pintora.
Corinne está en su estudio en Hasliberg, un pueblo de montaña entre Engelberg e Interlaken. La cadena montañosa que se ve desde la ventana es su inspiración, su lugar energético y, sobre todo, parte de su obra. Para Corinne, los paisajes (sobre todo el glaciar) son como una ventana al pasado. Aquí se hacen patentes los cambios. Con sus obras pretende que el observador sea consciente de la belleza de la naturaleza. Pero también advertir de que todo ello se puede perder debido al cambio climático.
¿Hasta qué punto influye tu pasión por las montañas en tu arte?
Las montañas me ofrecen la posibilidad de vivir la naturaleza tal y como es: salvaje, agreste, llena de fuerza e increíblemente bella. Yo conecto profundamente con la naturaleza y me sumerjo en su belleza, intento capturar eso en mi trabajo, y espero despertar en la gente el interés por la protección de estos lugares. El arte puede dar voz a los problemas, y despertar sentimientos en las personas que desemboquen en acciones. Espero que mis obras inspiren a la gente a conectar con el medio ambiente.
«El arte puede dar voz a los problemas, y despertar sentimientos en las personas que desemboquen en acciones. Espero que mis obras inspiren a la gente a conectar con el medio ambiente».
¿Están reflejados en tu arte los cambios del glaciar?
Mis cuadros reflejan un momento determinado, pero puede ocurrir que cuando termino un cuadro, el paisaje ya ha cambiado. Todos los veranos visito el glaciar Findelgletscher, en Zermatt, lo que quiere decir que he podido registrar los cambios en el hielo año por año. La observación directa de estos cambios ha reforzado mi idea de que es necesario proteger los lugares especiales como este.
¿Cómo afecta lo que observas a tu comportamiento?
Mi compromiso con el clima gira sobre todo en torno al hecho de que vivimos en una economía circular, en la que todo está conectado. Las decisiones que tomo, por ejemplo, en una tienda, tienen un impacto al otro lado del planeta. Y no solo desde un punto de vista ecológico, sino también humano. Si prestamos atención a nuestro comportamiento como compradores ya estamos haciendo mucho.
Lo mismo ocurre con el medio ambiente: la protección del medio ambiente local es muy importante, pero no debemos olvidar que es solo una parte de un todo más grande. Ambos están indisolublemente unidos. Y por eso, en nuestras campañas sobre el clima deberíamos tener en cuenta tanto nuestro entorno directo como los problemas internacionales.
Hospitalidad en un lugar amenazado. Christoph Sager, guarda de la cabaña.
Ha sido cocinero, piloto y enfermero. Pero su vida son los refugios de montaña. Christoph lleva nueve años como guarda de la famosa cabaña Konkordia, en el glaciar Aletsch. Allí ha vivido de cerca cómo cambia el glaciar, cómo retrocede, y sobre todo con qué rapidez lo hace.
Si el glaciar sigue derritiéndose a razón de un metro al año, este lugar tendrá que cerrar.
¿Cómo se observa el retroceso del glaciar en la cabaña Konkordia?
La primera cabaña Konkordia fue construida en 1877, a unos 50 metros por encima del glaciar, y ahora se alza a unos 200 metros por encima de la plaza Konkordiaplatz. La sección de Grindelwald del Club Alpino Suizo (CAS) trabaja sin descanso para facilitar el acceso a la cabaña; en los años setenta, con grandes dificultades, se instalaron unas escaleras de acero. Este verano hubo que desplazar toda la escalera debido a desprendimientos y avalanchas verticales de rocas. Pero si el glaciar sigue derritiéndose a razón de un metro al año, quizá el lugar tenga que cerrar.
¿Cómo es tu día a día en la cabaña Konkordia?
Hace nueve años que vivimos en la cabaña Konkordia. Desde que empezamos la escuela, había un profesor para cada tres niños en el equipo y entre dos y tres ayudantes para la cabaña. Con 155 camas, debíamos hacer malabares entre tener la cabaña vacía y tenerla llena, ya que el acceso es distinto en función de la época del año. Por tanto, la improvisación y la flexibilidad estaban a la orden del día, y precisamente eso era lo que más nos motivaba. Las tareas que debe realizar un guarda de una cabaña son prácticamente infinitas. Desde la organización de un hogar enorme hasta tareas médicas, pasando por trabajos técnicos de diversos tipos.
¿Cómo es experimentar en primera persona los cambios del glaciar?
Como guarda de la cabaña vivo los cambios muy de cerca. El retroceso del glaciar y el aseguramiento del ascenso a la cabaña son retos que dan a mi día a día un toque especial. Los glaciares son maravillosos y fascinantes, es como si vieras el tiempo pasar delante de tus ojos. He encontrado conchas fosilizadas en acantilados escarpados que tienen miles o millones de años; un auténtico pedazo de la historia de la Tierra. Por eso, cuando estoy delante del glaciar siento un gran respeto y asombro.
Compromiso por experiencia propia. Nico Hojac, alpinista.
Con 15 años, Nico Hojac estuvo en Val Ferret en un viaje de idiomas. Pero en lugar de aprender francés, descubrió su pasión por las montañas. Con 18 años atravesó por primera vez la cara norte del Eiger. Desde entonces no ha dejado de enfrentarse a nuevos retos. Y, con cada proyecto, Nico está más convencido de cuánto perjudica el cambio climático a su deporte, a su trabajo, a su pasión. Por eso decidió pasar a la acción.
Las consecuencias que estamos viendo en el glaciar son solo la punta del iceberg.
¿En qué medida afecta el cambio climático al alpinismo?
En el futuro, el alpinismo será más peligroso. Al derretirse el permafrost, habrá cada vez más desprendimientos de rocas, que pueden ser mortales. Además, al derretirse, los glaciares suelen dejar tras de sí escombros y cantos rodados, por lo que las carreteras y las vías de acceso son más difíciles de transitar. Además, el cambio climático no solo hace que se derritan los glaciares, sino también que el clima sea impredecible y extremo, de modo que las épocas de escalada son cada vez más difíciles de prever.
Tú has decidido cambiar tu estilo de vida. ¿Cómo?
Es difícil de imaginar que una sola persona pueda cambiar algo, pero nunca hay que perder la esperanza. Todos los cambios, ya sean grandes o pequeños, son importantes. He decidido que solo voy a hacer un viaje de exploración al año y que voy a viajar en avión lo menos posible. Algo que la mayoría de las personas pueden hacer: comer menos carne, volar menos y elegir, elegir y elegir.
¿Cómo te gustaría ayudar a que hubiera un cambio?
Creo que es importante abordar este problema y comunicarlo a los demás. No se trata solo de salvar las montañas, sino todo el planeta. Las consecuencias que estamos viendo en el glaciar son solo la punta del iceberg. Por eso trabajo con algunas ONG, como «Protect Our Winters», y también doy charlas sobre este problema. Cuantas más personas lo conozcan, mejores serán las decisiones que se tomen, y más esperanza habrá de encontrar la forma de resolver esta crisis.