Le Locle
Introducción
Una ciudad relojera en el corazón de la región del Jura de Neuchâtel. La ciudad industrial de Le Locle, que forma parte del Patrimonio de la Unesco por su acertada simbiosis entre urbanismo e industria relojera, no solo ofrece tesoros de todo tipo, sino también un ambiente acogedor y cálido.
En exclusiva: visita a la fábrica relojera Zenith
Todos los viernes por la mañana, el público tiene la oportunidad de sumergirse en el extraordinario mundo de una renombrada fábrica relojera y de descubrir los secretos de fabricación de un reloj de lujo. Una experiencia única en un mundo de conocimientos, precisión y pasión.
El ayuntamiento, síntesis de las artes
Situado en el corazón de la ciudad, el edificio combina armoniosamente diferentes estilos arquitectónicos. La fachada, decorada con magníficos frescos del artista Biéler, las ventanas y el torreón puntiagudo lo convierten en un edificio incomparable y monumental.
Relojería al cubo
La ciudad de Le Locle, forjada por una larga tradición relojera y personalidades emblemáticas, se abre a los visitantes en visitas guiadas temáticas. Podrá meterse en el papel de relojero bajo la atenta mirada de un experto en una presentación o en un taller para montar su propio reloj. El Museo del Reloj del Château des Monts, ubicado en una elegante residencia del siglo XVIII, alberga una excelente colección de relojes y autómatas antiguos.
Como en casa
La mejor manera de disfrutar del ambiente de Le Locle es en los acogedores cafés, en el mercado o en encantadoras posadas como la Maison Dubois, regentada por la simpática Céline y ubicada en uno de los talleres relojeros más antiguos de Suiza. No hay que perderse la casa de huéspedes a la que una emprendedora pareja de Zúrich ha dado un toque muy especial.
Un museo de relojes con encanto
El Château des Monts es una residencia señorial del siglo XVIII que alberga hoy una colección de antiguos relojes de péndulo y autómatas. Un tic-tac amortiguado y un timbre resuenan en los salones y los aposentos.
Arte al aire libre
Frescos monumentales o grafitis adornan desde hace tiempo las calles de Le Locle. Cada año, este museo al aire libre se enriquece con nuevas obras de artistas callejeros internacionales que ponen de relieve el patrimonio local.
