De la playa de arena a la cabaña. Disfrute del verano durante más tiempo en Lugano y sus alrededores.

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Introducción

Mediterránea, cosmopolita y destino ideal para días de descanso y estimulantes aventuras: así es Lugano, la mayor ciudad del Ticino. Subiendo en bicicleta hasta el Capanna Monte Bar se puede contemplar de un vistazo toda la belleza de la ciudad y sus alrededores. En el cantón más meridional de Suiza, todavía se puede disfrutar de los días de verano incluso cuando el otoño ya se deja sentir al norte de los Alpes.

Región de Lugano

Esta ciudad pequeña pero cosmopolita es tan encantadora como la campiña que la rodea. Todo lo bueno está cerca: trepidantes rutas en bicicleta de montaña, rápidos trails en bici o tranquilas rutas junto al lago. Los aficionados a las dos ruedas disfrutarán al máximo de los más de 400 kilómetros de rutas señalizadas

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Lugano
Ticino
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Ambiente mediterráneo en Lugano

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Lugano no solo es el tercer centro financiero, de congresos, bancario y de negocios más importante de Suiza, sino también la ciudad del «Mar del Ticino», el lago de Lugano, con multitud de alternativas para el baño. No lejos del casco antiguo está el Lido di Lugano. Un edificio rojo da acceso a un maravilloso oasis de sol y agua. Sorprende que hay incluso una gran playa de arena con sombrillas de rayas rojas y blancas para los bañistas. En medio de la ciudad. ¡Por eso parece que uno está de vacaciones!

Además del lago de Lugano, con sus olas y su playa de arena, el Lido también cuenta con una piscina olímpica climatizada. Los amantes de la adrenalina se lo pasan en grande en la torre de saltos de diez metros mientras los niños chapotean en la piscina infantil. Los más deportistas juegan al vóley-playa o intentan meter el balón en la portería en la gran superficie de césped. Otros se retan en la mesa de ping-pong. También se puede disfrutar de la gastronomía: ya sea un bol saludable, un tentempié contundente o un refrescante helado, aquí ningún estómago pasa hambre. 

Una zona de baño con historia

Inaugurado en 1928, el Lido aún conserva el encanto de los años veinte. Los planos fueron obra del arquitecto del Ticino Americo Marazzi. La terraza semicircular del restaurante, con sus bellas arcadas, es un lugar especial. Recuerda a los salones con columnas del Renacimiento veneciano y es un espacio óptimo para fiestas y bailes. El edificio principal y los vestuarios de madera se han conservado hasta hoy y confieren al Lido un encanto especial. 

Un encantador parque urbano

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A pocos pasos del Lido está el parque municipal Parco Ciani, un oasis verde en medio de la ciudad. Un lugar de tranquilidad. Las innumerables flores de distintos colores ofrecen un espectáculo extraordinario. El brillo del sol en el agua es fascinante. Las vistas del lago de Lugano y de los montes Brè y San Salvatore son únicas. Los bancos rojos a orillas del lago y bajo los árboles invitan a tomarse un respiro. 

El monte San Salvatore, también conocido como el Pan de azúcar de Lugano, caracteriza el paisaje del parque Parco Ciani.

Tras relajarse y descansar en Lugano por la mañana, es hora de subirse a la e-bike. Desde Lugano ya vislumbramos nuestro lugar de destino. El recorrido tiene su dificultad: para subir a Capanna Monte Bar debemos recorrer 21 km y salvar 1400 metros de desnivel. Con la ayuda de la e-bike, el esfuerzo puede adaptarse al nivel de forma física individual. El recorrido también puede iniciarse desde Tesserete o Bidogno. 

A la naturaleza.

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Son varias las rutas que conducen al Capanna Monte Bar. Quienes comienzan el recorrido en Lugano van en e-bike hasta Tesserete y de ahí a Bidogno. El pueblo situado en la parte derecha del valle de Val Colla marca el punto de partida de este exigente ascenso, y de la Monte Bar Bike Route. El ascenso, técnicamente fácil, discurre en zigzag constante por una carretera asfaltada que atraviesa el bosque.  

La solitaria carretera de montaña pasa por el Alpe Rompiago, una explotación agroturística. Un pequeño zoológico en la montaña: aquí viven cabras, vacas, ovejas, cerdos, burros y caballos. También hay gallinas, ocas, perros y gatos. Una curva más arriba está la siguiente parada: el mirador Motto della Croce. Ahora el destino parece estar al alcance de la mano. A los ciclistas solo les queda la última subida por la carretera de grava. 

Una cabaña con vistas

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A 1599 metros, el Capanna Monte Bar se alza como un nido de águila en la ladera cubierta de hierba del Monte Bar. El panorama es impresionante: en un día despejado, la vista se extiende por el golfo de Lugano hasta Milán, el macizo del Monte Rosa y los Alpes grisones y berneses. La vista de los picos escarpados denominados «Denti della Vecchia» también es impresionante. 

Especialmente al atardecer, el paisaje montañoso te deja sin palabras.

El espectáculo se disfruta aún más con un aperitivo y una bebida fría. ¿Y qué compensa más el duro ascenso que un abundante «Plättli» del Ticino con una burbujeante «gazzosa»? Cuando hace buen tiempo, la amplia terraza ofrece espacio para sentarse. Si sopla un viento frío, acomódese dentro, cerca de la chimenea y los ventanales panorámicos. 

Bicicletas bienvenidas

La cabaña sorprende a los huéspedes sobre dos ruedas con todas las comodidades que puedan desear: estaciones de carga para e-bikes, taller para reparaciones, inflador y un guardabicis cerrado. Incluso hay una ducha de agua caliente. Unas 42 camas repartidas en habitaciones dobles, triples y séxtuples garantizan un sueño reparador. Las clásicas literas y los cuartos de baño en el piso conservan la atmósfera de refugio. Las acogedoras tertulias, los juegos y el ambiente durante la comida son los verdaderos responsables del agradable clima de la cabaña. 

La vista del mar de luces de la ciudad Lugano es impresionante.

Descenso en single trail

Tras una noche de descanso en la cabaña llega el momento culminante para todos los aficionados a la bicicleta: el fluido descenso de single trail para volver al valle. Si no ha tenido suficiente, puede continuar el recorrido desde el Capanna Monte Bar por la ruta en bicicleta de Lugano. La ruta completa va de Lugano a Ponte Tresa en cuatro días. Pasando por los montes Brè, Bar y Tamaro, la ruta cuenta con fantásticos miradores en un diversos entornos.